julio 22, 2013

Ángeles guardianes, como nos ayudan.

Siempre tenemos un ángel a nuestro lado, un guía que nos susurra en nuestros oídos diciendo que es lo correcto e incorrecto, salvándonos de apuros, accidentes, problemas, etc.

Muchas personas cuando lo están pasando mal no se les ocurre otra cosa que decir que: "Dios me ha abandonado" "Mis ángeles me han abandonado" "estoy solo". Pasamos malas situaciones y problemas en nuestras vida solo por aprender de ellas, a esto se le llama karma.
Si eras el típico que se metía con la gente cuando eras joven, no olvides que tarde o temprano el mal se te devolverá para que vayas aprendiendo de tus actos. Sea en esta vida o en la siguiente y a esto lo vamos sumando ya a los primeros actos de nuestras primeras vidas.
Lo mismo pasará con el bien que hacemos, se nos devolverá el mismo bien.  Lo único que nos queda es aguantarnos, aprender y seguir con nuestras vidas haciendo el mejor bien posible. Pero siempre nos quejarémos de las cosas malas que nos pasen.

Pero ahí siempre estarán nuestros ángeles guardianes, esa intuición de que algo malo va a pasar o esas pistas que nos dejan para seguir por el camino correcto son una clara revelación de ellos.

Esta entrada viene a que me estoy leyendo el Libro de Tus ángeles guardianes de Linda Georgian, y solo quiero demostrar que siempre están ahí cuidando de nosotros y dando consejo.

Y leí una historia curiosa que hay en el libro sobre como entender de que siempre están ahí.

La lluvia no había cesado en todo el día cuando un hombre detuvo su coche ante de la casa rural del señor jones para interesarse por ese granjero de ochenta años.
 - ¡Señor Jones! - Gritó desde su jeep al anciano, que estaba sentado en el porche -. Es mucho ya lo que ha llovido y dicen que el río viene crecido. mejor será que se vaya. Lo llevaré ¡Vamos, suba!
 - No, gracias - replicó el señor jones - No me pasará nada, Dios cuidará de mí.
 - ¿Está usted seguro señor jones? - preguntó el hombre.
 - Claro -insistió el señor jones.
Continuó lloviendo a cántaros. Y, por la tarde, las aguas cortaron la carretera que llevaba a la casa del señor jones. Alcanzó tal altura que el señor jones no pudo continuar en el porche. Por una escalera  de mano subió a la cubierta del porche y allí se sentó.
Apareció entonces un vecino, remando en una canoa.
- Señor Jones, las aguas están subiendo mucho. ¿Por qué no viene conmigo? - sugirió el vecino.
- No, gracias - replicó el señor jones - No me pasará nada, Dios cuidará de mí.
La lluvia prosiguió durante toda la noche. Las aguas subieron tanto en torno de la casa que el señor jones tubo que encaramarse al tejado.
Hace medianoche, un helicóptero del sheriff revoloteó sobre la casa del señor jones. A través de un altavoz le llegó la voz del ayudante del sheriff.
- Señor jones, hemos venido por usted. Bajaré esta cesta. Metase dentro. No se preocupe, que es segura.
- No gracias - respondió el señor jones - Sigue volando hijo mío, Dios cuidará de mí.
 El helicóptero desapareció en la oscuridad. A las dos de la mañana el señor jones se puso frenético. El agua había subido tanto que a penas quedaba un rincón seco en el tejado. De pie y en lo mas alto miró al cielo, alzó los brazos y voceó.
 -¿Cómo puedes hacerme esto Dios? pensé que me salvarías.
 Se abrieron los cielos y descendió una luz sobre el señor jones, que escuchó la voz clara y resonante de Dios.
- ¿Quién crees que te envió el jeep, la canoa y el helicóptero?

Seguro que con la historia lo habéis entendido, nos envian tantas señales y nos dan tantos consejos que a veces ni nos damos cuenta.

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